¿CÓMO VIVES TU RELACIÓN DE PAREJA?

ITALIANO

¿Cómo vivimos la relación con nuestra pareja y, sobretodo, como queremos que sea? ¿Estamos contentos y vivimos en armonía o sentimos que no hay equilibrio entre lo que damos y lo que recibimos?

Una clienta el otro día me dijo: “Federica, siempre pensé que sólo había una forma de vivir la relación de pareja: siendo dependientes el uno del otro y renunciando yo, como mujer, a mi propio espacio para dedicarme completamente en mi novio. Ahora por primera vez me doy cuenta que no es así, que soy feliz teniendo mi espacio y no necesito compartirlo todo con el!”

Hay parejas que viven la relación en un estado de DEPENDENCIA: todo lo hacen juntos y se olvidan cada uno de su mundo para crear un nuevo espacio: lo de los dos.

Se dejan rápidamente los propios intereses personales para dedicar tiempo a los nuevos intereses compartidos; hasta se descuidan las propias amistades porque todo se vive en un nuevo espacio común donde todo se tiene que compartir.

Por otro lado hay parejas que dedican mucho tiempo y energía a sus cosas y son muy celosos de sus espacios.

Ven la dependencia emocional  como una amenaza, como una enemiga de la cual es necesario defenderse. Cuidan a sus cosas más que a su relación sentimental.

He pasado muchísimo tiempo buscando un equilibrio entre la dependencia y la independencia, luchando contra mi natural tendencia en hacer de mi pareja el centro de mi universo y el fuerte deseo de independencia y de libertad.

Un conflicto interior que me ha tenido mareada durante una larga temporada.

  Fue durante mi máster de coaching personal que escuche por primera vez la palabra INTERDEPENDENCIA.

Pero ¿qué significa exactamente?

Significa crear un nuevo espacio, un nuevo hogar donde los dos eligen compartir una felicidad que cada uno ya tiene previamente.

Un espacio donde enriquecerse el uno al lado del otro,  donde apoyarse y construir algo nuevo, autentico, algo de los dos.

Las PAREJAS INTERDEPENDIENTES son las que siguen dedicando tiempo a sus aficiones y que son capaces de cubrir, cada uno por su cuenta, sus propias necesidades.  

Siguen disfrutando de sus amigos y del “mundo” del que llegaron antes de juntarse.

La relación de pareja los fortalece aún más porque se apoyan recíprocamente para realizar sus sueños y lograr sus objetivos. La relación sentimental es, al fin y al cabo, la guindilla arriba de la tarta, pero no la tarta entera.

Cuando  vivimos en la dependencia nos centramos en el TÚ, en la independencia en el YO: en ambos casos  se crean conflictos.

Cuando nos centramos demasiado en el otro nos olvidamos de una clave muy importante: la felicidad no viene desde fuera sino que hay que buscarla dentro de nosotros.

Entregamos  al otro la responsabilidad de hacernos felices y nos trasformamos en VÍCTIMAS.

Desde este momento, cuando nuestras expectativas no se cumplen, empezamos a acumular RESENTIMIENTO hacía nuestra pareja. Entonces nos enfadamos,  le echamos la culpa de nuestra insatisfacción y alimentamos conflictos que nos alejan el uno del otro.

El resentimiento genera SENTIMIENTO DE CULPA, y la culpa retroalimenta el hábito de centrarnos de manera exagerada en el otro.

Se crea una ESPIRAL que nos hace sentir infelices, enfadados y solos.

¡La buena noticia es que la espiral se puede romper!

¿Cómo? Cultivando la interdependencia, eligiendo actuar como responsables de nuestra vida y de nuestra felicidad y no como víctimas.

Creo firmemente que ser felices es una elección y serlo en pareja es una consecuencia del haber aprendido a serlo solos.

Te dejo unas pautas para romper esta espiral y para vivir en la INTERDEPENDENCIA.

A mí me apoyan mucho en mi camino hacia un equilibrio emocional y espero que sean útiles para tu relación también.

Con cariño

Federica

1. COMPRENDE lo que está pasando.

Toma consciencia si  te estás centrando demasiado en el otro y muy poco en ti.

Si es así retoma contacto contigo mism@ y encuentra las cosas que has dejado en una esquina y que te gustaría retomar.

Haz una lista de lo que te llenaba de ilusión y que ya no haces, o de cosas nuevas que te encantaría hacer pero siempre has procrastinado en el intento de no quitar tiempo a tu pareja.

¿Tienes la lista ya? ¡Perfecto! Ahora incorpóralas en tu vida.

2. ACEPTA lo que ha pasado hasta ahora.

No significa resignarse sino simplemente aceptar para poder cambiar.

Si no quiero aceptar algo entonces no lo quiero ver y estoy actuando como los avestruces, escondiendo la cabeza debajo de la arena.

Si no veo lo que hay puedo hacer nada para cambiarlo.

3. PERDONATE porque todo lo que has hecho hasta ahora lo has hecho de la mejor forma que has podido con los recursos que tenías.

Esto vale también para tu pareja: perdónale, el también está aprendiendo!

¿Cuántas veces nos enfadamos por recaer en los mismos errores de siempre?

Gastamos energía  castigándonos con nuestros pensamientos cuando podríamos ser comprensivos y constructivos.

4. COMPROMÉTETE contigo mism@ y con tu pareja para cambiar actitud.

Pídele ayuda si crees que esto puede apoyarte, explícale lo que sientes y que estás deseando tener una relación de pareja más sana y de mejor calidad.

Pregúntate: “¿qué es lo que puedo hacer para tener una actitud diferente en mi relación de pareja y para disfrutar más de ella? ¿Qué hábitos tendría una persona que vive su relación desde la interdependencia?”

5. SE ASERTIV@, aprende a decir que NO cuando crees que es oportuno hacerlo.

Diciendo siempre que si no te estás respetando y estas alimentando un resentimiento que antes o después te hará explotar. Ser asertiv@ te apoyará a ser más auténtico y te hará sentir mejor contigo mism@ y entonces con los demás.

6. SE PROACTIV@. Ahora ya sabes que es lo que quieres cambiar y cual son las situaciones que te afectan.

Entonces haz un plan de acción para evitarlas o para poder reaccionar de forma diferente cuando se crean.

Una buena manera puede ser la de crearte un ANCLA.

Busca una palabra que sea relacionada con una experiencia positiva. Una de aquellas palabras que al simple escuchar te trasmite la sensación necesaria para que apagues tu piloto automático.

De esta manera te  darás la posibilidad de poder elegir la actitud que tu quieras delante de una situación “de riesgo”.

La puedes repetir cuando te enfadas con tu pareja, por ejemplo, como si fuera una verdadera ancla que hace que tu barco no se pierda entre las corrientes improvisas de la tormenta.

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